música

«Lo más importante es la relación con el público»

Alice Sara Ott Pianista. La joven intérprete cree que el logro mayor es transmitir emociones a quienes escuchan. Ya ha grabado cinco discos y abre la temporada de la Sinfónica de Euskadi

CÉSAR COCA

Con el pelo recogido en una coleta, la cara lavada y la mirada ingenua, Alice Sara Ott tiene tal aspecto de fragilidad que parece estar saliendo aún de la adolescencia. Sin embargo, esta pianista de 23 años, nacida en Múnich y de ascendencia japonesa, ha grabado ya cinco discos -cuatro de ellos para el prestigioso sello Deutsche Grammophon- y en 2010 fue elegida Artista Joven del Año en los Echo Classic Awards por su álbum con los valses de Chopin. Muy madura personal y artísticamente, Ott abre la temporada de la Sinfónica de Euskadi con el Concierto en sol mayor de Ravel, bajo la dirección de Andrey Boreyko, el próximo lunes en Vitoria, martes en Pamplona, jueves en San Sebastián y viernes en Bilbao. Su gira coincide con el lanzamiento de un disco con las sonatas Nos. 3 y 21 ('Waldstein') de Beethoven.

- La violinista Julia Fischer, su hermana y usted? ¿Qué hay en el ambiente de Múnich que ha dado origen a tantas artistas jóvenes de proyección internacional?

- Si vives en Alemania, hay dos ciudades con gran ambiente cultural: Múnich y Berlín. En otros países, como Francia o el Reino Unido, todo tiende a concentrarse en sus capitales, pero en Alemania no sucede eso. Hay dos opciones y además con ambientes muy distintos. Yo soy de Múnich, y allí la vida cultural es de una gran intensidad, hay una enorme vitalidad y eso siempre estimula la aparición de vocaciones artísticas. Así que no creo que sea casualidad lo que está sucediendo.

- Su madre sabe tocar el piano y usted ha escuchado música clásica incluso antes de nacer. ¿Eso favorece también la inclinación hacia la música?

- Cada caso es distinto, pero en el mío es cierto que todo eso estaba ahí y pudo influir. Yo escucho desde siempre clásica, tengo una familia interesada por la música y la cultura y he tenido la suerte de que me hayan dirigido hacia algo que me ha interesado. Sin duda, eso es muy importante.

- Es fácil imaginar a una niña de tres años, la edad que tenía usted cuando comenzó a tocar, jugando con una flauta o una trompeta, pero con un instrumento tan grande y pesado?

- Uf? Es un juguete con 88 teclas que puede generar una enorme cantidad de sonidos y eso siempre es divertido. Cuanto más grande, más tiene de juguete y de reto para un niño.

- ¿Jugueteaba de pequeña al piano con su hermana?

- No recuerdo que lo hiciéramos muchas veces. Ella es tres años más joven, y empezó aún antes que yo, con dos años. Pero para entonces yo ya tenía cinco y me lo tomaba muy en serio. No tengo la imagen de ambas sentadas al piano tan pequeñas, pero sí la de estar a veces de pie dándole a una tecla y a otra.

Descubrir la música

- ¿No han pensado nunca en hacer un dúo?

- No crea que es tan fácil, aunque seamos hermanas. Cada una tiene su carrera y sigue su camino. Estos días ella estaba en la Herkulesaal de Múnich tocando el concierto de Schumann. Además, tenemos caracteres muy diferentes y planes distintos para nuestro futuro. Hoy por hoy no tenemos ningún proyecto para trabajar juntas, aunque alguna vez hemos hecho alguna cosa a dúo. Estoy pensando, por ejemplo, en la Sonata para dos pianos y percusión de Bartók, que la hemos tocado en público.

- Ganó su primer concurso a los siete años, y luego algunos más. Pero un día decidió que no quería competir con otros jóvenes. ¿Un artista compite solo consigo mismo?

- No me gusta la palabra competir, ni competición. Lo más importante es aprender y poder sobrevivir cada día. Participé de joven en algunos concursos, y aprendí cosas relevantes: conocí partituras nuevas y lo que es estar en un auditorio ante el público. Pero eso se acabó. Ahora voy descubriendo la música y disfrutando al enseñársela a la gente. Tengo mis retos: conocerme a mí misma, encontrarme bien y sobrevivir cuando no estoy bien. Y detenerme y disfrutar con las cosas hermosas de la vida.

- En 2010 fue elegida Artista Joven del Año por su disco Chopin. Quizá eso sea más importante que ganar un concurso famoso.

- No, no lo es. Lo verdaderamente importante para un músico no es una cosa ni la otra. Lo importante de verdad son los conciertos. Es agradable que te nombren cosas así, pero lo esencial es la relación con el público cuando das tu última nota, comprobar si has llegado con tu música, si les has emocionado, ver su respuesta. Eso sí que es relevante.

Dormir, pintar, charlar

- ¿Qué hace una chica de 23 años cuando termina de estudiar en los días libres entre concierto y concierto? ¿Cuáles son sus aficiones?

- Sobre todo dormir porque paso mucho sueño con tanto viaje y cambiando de hotel. Yo no soy de quienes trabajan ocho horas diarias. Me gustan mucho el cine, los museos, pintar y hablar con mis amigos. Se aprende mucho hablando con la gente. Hoy, la mayor parte de las relaciones son a través de las redes sociales, pero eso me parece muy incompleto. En las redes sociales se habla pero no se comunica. No pueden sustituir a una conversación tranquila.

- ¿Cuál es su punto de equilibrio ideal entre vida y trabajo?

- Aún no lo sé. Estoy tratando de ver qué es lo mejor, y descubriendo también cuáles son mis límites. Muchas veces pienso que estaría bien disponer de tres meses libres al año y dar conciertos el resto, no uno cada día, claro; quizá uno cada tres días más o menos. Pero las cosas son como vienen y aún no he llegado a descubrir con nitidez cuál es ese punto de equilibrio entre vida y trabajo por el que me preguntaba.

- Cuando grabó sus discos anteriores comentó que creía que era el momento de hacer esas obras, sin pararse a pensar en su edad o en el grado de madurez. ¿Hay compositores más adecuados que otros para un intérprete tan joven como usted?

- Más que compositores, hay obras. Hay algunas que no las haría aún porque no me siento preparada. Varias veces me han propuesto títulos y he dicho que no por esa razón. Pero es más por la dificultad en sí de la pieza que por el compositor o la época.

- En su disco con sonatas de Beethoven que acaba de aparecer, ¿ha elegido la Nº 3 y la 'Waldstein' por ser partituras de la primera mitad de la carrera del compositor?

- Las dos piezas están en la misma tonalidad y fueron escritas con unos diez años de diferencia. Las he interpretado muchas veces a lo largo de mi vida. Pero también he tocado obras mucho más tardías de Beethoven, como la 'Hammerklavier', tan distinta a estas dos. Creo que la idea de emparejarlas en el disco está bien. Y que sean sonatas juveniles o casi juveniles no significa que no sean profundas. Beethoven lo era ya en esos años, y en la época de la 'Waldstein' pensó incluso en suicidarse por sus problemas derivados de la sordera.

- Hablemos de Ravel, que toca con la Sinfónica de Euskadi (OSE). ¿Significa algo interpretarlo a muy poca distancia del lugar donde nació el compositor, o eso no aporta nada?

- Es un componente más, pero yo me identifico mucho más con las sensaciones que se desprenden de la partitura, con el mensaje que contiene y que debo transmitir al público.

Llegar a los jóvenes

- ¿Qué tal la experiencia de tocar con la OSE y su principal director invitado, Boreyko?

- Muy bien, muy interesante. He aprendido mucho durante los ensayos y he visto que había un ambiente muy bueno entre los músicos, con gran disposición al diálogo. El trabajo ha sido verdaderamente agradable.

- Usted trabaja mucho en las redes sociales y ha organizado un concurso para pianistas jóvenes a través de Youtube. ¿Las nuevas tecnologías pueden convertirse en la mejor herramienta de difusión de la música clásica?

- Vivimos en la era de la modernidad y las redes sociales deberían ayudar a los jóvenes a entrar en esta disciplina artística. El formato utilizado para esa promoción, las redes sociales o cualquier otro, es secundario, pero si ayuda es válido. El marketing está bien; el problema viene cuando detrás del marketing no hay nada. Por eso lo relevante es la música y dar oportunidades a los artistas jóvenes. La forma de difundir todo eso, el soporte utilizado para ello, no lo es.

- ¿Y si hablamos no ya de promover a los artistas sino de captar aficionados?

- Creo que en ese ámbito concreto los videoclips son muy válidos porque nos permiten llegar hasta gente que no va a los conciertos. Trabajo ahora en dos proyectos que tienen ese fin. Uno se llama 'Rhapsody in the school' y consiste en dar conciertos en los colegios para aproximar la música a los más pequeños. El otro, 'Yellow lounge', trata de iniciar en la clásica a los clientes de los clubs de 'techno'. Vamos a esos clubs y los DJ's ponen clásica en vez de la música habitual. Luego hablamos a los jóvenes, les explicamos la vida de los compositores, el porqué de su música y tocamos para ellos.

- ¿Y cómo lo reciben?

- Estamos muy sorprendidos con el resultado, porque tras las explicaciones, cuando tocamos, los jóvenes, tan acostumbrados a hablar, gritar y moverse en esos locales, escuchan en completo silencio. Creo que necesitan creer en algo y el pop les brinda un lenguaje común, les ayuda a entenderse. Pero también la clásica puede servirles. Beethoven o Liszt tenían los mismos problemas que ellos, se enamoraron y se decepcionaron igual... Hay que enseñarles eso para que la clásica conviva con otras músicas.

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