literatura

Kiko Amat: "El pop es el definitivo esperanto"

En 'Mil violines' el escritor catalán habla de aquellos discos que marcaron su vida

:: MÓNICA BERGOS.

Kiko Amat (Sant Boi, 1971) se define como «novelista accidental, periodista cultural sin carrera, anglófilo militante y apasionado fan del pop». Sus novelas 'Rompepistas' o 'Cosas que hacen BUM' le han convertido en una de las voces más interesantes de la nueva escena literaria catalana. Publica ahora 'Mil violines' (Mondadori) un libro de ensayos sobre música pop plagado de desternillantes retazos autobiográficos. Porque para Amat es imposible separar al crítico musical del hombre «que tiene hambre, que ha vivido fuera del país, al que ha abandonado su novia o que necesita unos zapatos nuevos». O de ese joven criado en el extrarradio de Barcelona que aprendió a amar la música y la vida fascinado por el movimiento mod británico, las melodías rebeldes de The Jam, The Chords o The Who o el punk irreverente de The Dictators o The Clash.

- ¿Quién ha escrito este libro, el crítico musical, o el adolescente que gamberreaba con su pandilla de amigos punk en los años 80?

- La idea de crítico musical que intenta buscar de manera infructuosa la objetividad, con conceptos académicos muy técnicos y sobreintelectualizados no me interesa. Me considero más un fan que habla desde sus emociones de los discos que le molan. El libro está escrito desde la perspectiva de la madurez, aunque por supuesto teniendo muy en cuenta todas aquellas experiencias de juventud.

- ¿Qué significó la música para ese adolescente?

- En aquel entorno lleno de fealdad el único acceso que encontré a las cosas bellas fueron las canciones. Leí libros inspiradores, pero la gran inspiración fue a través de los discos. Sentí que la música era algo superior, vasto, emocional, completamente democrático, que parecía hablar de mí, en una edad como ésa en la que sientes que nadie te comprende, que las penas son sólo tuyas. Fue una experiencia completamente catártica.

- ¿Se sigue considerando un mod?

- Siempre hablo del modismo porque esa subcultura fue mi educación juvenil. Me atrajo porque era como pertenecer a una sociedad secreta. Nadie sabía lo que era eso, había una parte heroica, el jugarse el físico. Dejé de ser un mod en 1991, porque entre otras muchas cosas es un movimiento juvenil y yo ya tengo cuarenta tacos, pero es cierto que conservo ciertas cosas que son parte del modismo, como el amor por la ropa o los detalles.

- En el capítulo dedicado al revival mod inglés de 1979, define a 'Maybe Tomorrow', de The Chords, como «un canto a desconfiar del poder, el conformismo y los uniformes». ¿Rescataría esa canción para poner la banda sonora al movimiento 15-M?

- Esta canción es claramente marsellesca, suena a levantamiento, sus notas están hechas para que te den ganas de salir con antorchas a la calle. Pero entiendo que una banda sonora para el movimiento tendría que ser algo actual, que le gustara a todo el mundo, como Manu Chao o Macaco, aunque a mí personalmente no me gusten. Lo que se está hablando en esas asambleas está por encima de mis gustos musicales. Es lo más importante que ha pasado en este país en muchos años. Incluso más importante que la transición.

- Un salto al punk rock de Nueva York: The Dictators. Escribe sobre la canción 'Baby let's twist' que «dice más sobre la adolescencia y la humanidad que todos los tratados sociólogos juntos».

- Es un tema de amor. De amor adolescente y tartamudeante, boca abierta delante de la típica punk rocker perdida y fascinante que todo púber ha deseado conocer alguna vez. Lo que comunica está tan claro, tan afinado, es tan simple y a la vez tan profundo que no hace falta sobreanalizarlo. Ésta es la grandeza del rock. No es necesario tener un currículo detrás para comprenderlo. Todo el mundo lo entiende. Por eso yo creo que el pop es el definitivo esperanto, la comunicación más fácil entre personas diferentes que de otra manera no tendrían nada que ver.

- Hace un par de años Virgin Megastore cerró. ¿No se siente un poco culpable, teniendo que cuenta que siendo veinteañero durante una de sus estancias en Londres robaba en sus tiendas los discos a decenas?

- Acabaron pillándome, como siempre que robaba. No me siento culpable porque hay otras muchas razones por las que la empresa cerró, pero quién sabe, tal vez sí que puse mi granito de arena? (Risas). En mi defensa tengo que decir que siempre que he robado ha sido en grandes superficies, nunca en tiendas pequeñas. Y que conste que esto no es una apología del robo.

- También con veinte años llevaba una camiseta en la que se podía leer: 'Kill the hippies'. ¿Qué le habían hecho?

- No me enorgullezco de ello ni de tantas gilipolleces que he hecho en mi vida. En el entorno en el que me movía con pandillas de punks y skinheads, de ceporros de clase obrera, el hippismo era claramente el enemigo. Sentía que las ideas de amor universal reivindicadas por la contracultura hippie estaban tan pervertidas por compañías como Virgin que se habían convertido en algo ridículo. Ahora reconozco que esas ideas tenían mucha fuerza, y que había enemigos mucho peores.

El más odiado

- Pero incluye 'Imagine' de John Lennon, dentro de su lista de canciones más odiadas? ¿es una provocación?

- No lo digo por provocar. Es una canción que siempre he odiado porque me parece completamente deshonesta. Lennon se atrevió a cantar «Imagine there's no possessions» cuando era una de las personas más ricas del planeta.

- ¿Sigue grabando cintas de cassette para regalar como aquellas con las que conquistó a sus primeras novias?

- Era la única manera que tenía de ligar, porque no me acompañaban ni el atractivo físico ni las destrezas deportivas. Pero no me sirvió de mucho porque para cada cien chicas que me lanzaban la cinta a la cabeza una me decía que sí. También hubo a quienes les chiflaba la cinta, que gracias a mí conocieron a grupos buenísimos, pero que se encamaron con otro. Aprender a jugar a fútbol hubiera sido más efectivo. Con los amigos es diferente.

- Define a los iPod como «irritantes potpourris-puchero». Imagino que nunca pensará en comprarse uno.

- Pues no, porque desvirtúan la idea original del álbum de doble cara con una continuidad que influye en el contenido. Eliminan esa relación íntima con los discos. Las nuevas tecnologías, aunque han democratizado el conocimiento, también lo han banalizado en parte. Se ha perdido el camino de acceso a los discos, cuando el camino en estos casos es tan importante como alcanzar la meta.

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