literatura

«Los sueños se convierten en una guía de libertad incluso en las democracias»

Con el Príncipe de Asturias recién estrenado, el autor albanés está convencido de que la literatura puede escapar a los totalitarismos

N.FONTOVA. Pese a los años que lleva viviendo en París en democracia, los tiempos de dictadura pesan enormemente sobre él. Su vida está íntimamente ligada a uno de los regímenes más férreos y aislados del mundo, como lo fue la Albania de Hoxha. Ahora Ismaíl Kadaré (Gjirokastra, 1936) contesta desde su casa albana, libre para decir lo que le apetezca, pero orgulloso de que su literatura no haya cambiado. Lo dice con pocas palabras: «Mi mayor satisfacción fue al llegar a París descubrir que escribía igual, que no había cambiado mi forma de sentir y expresarme». También dice estar feliz por el Premio Príncipe de Asturias, pero asegura a continuación que está cansado y no pude evitar mostrar su desagrado por las entrevistas. «Ya lo tengo todo dicho en otras ocasiones».

-Su premio dejó atrás a otros escritores como Tabucchi, Kundera, etc. Suficiente para alimentar cualquier vanidad. ¿Cómo está la suya?

-(risas) Bueno creo que todos los escritores somos vanidosos, pero también por el hecho de ser hombres. Los hombres somos más vanidosos que las mujeres. A lo largo de mi vida he tenido muchos premios internacionales, pero este es uno que apreciaba especialmente. Este galardón español tiene un alto reconocimiento tanto a nivel artístico como literario.

-¿Es cierto que soñaba con él?

-Ya había estado nominado en otras ocasiones y al obtenerlo he pensado 'era el que me faltaba'. Mi traductor al español me anunció que estaba estaba entre los candidatos al Príncipe de Asturias y fue una alegría.

-Ha dicho en alguna ocasión que le gustaría obtener el Nobel. ¿Se sentiría frustrado si al final no lo consigue?

-Nunca he dicho que quisiera el Nobel. He estado nominado decenas de veces mientras vivía en un país, el mío, con un régimen estalinista, en una época en la estaba muy necesitado de cosas así. Cuando se lo concedieron a Pasternak estaba en Moscú con la Unión de Escritores y escribí la historia. Pasternak, un hombre solitario, que fue obligado a renunciar al premio (temía que si iba a Estocolmo no le dejarían regresar al al país). Realmente estar nominado en esa época era muy dramático.

-Escribe en albanés, aunque su obra no se dio a conocer hasta que se instaló en París. ¿Necesitan las lenguas minoritarias del apoyo exterior para salir y darse a conocer?

-Nunca me he planteado ni he necesitado escribir en otra lengua que no sea la mía. El albanés lo hablan unos 10 millones de personas, pero es una lengua bien estructurada, una máquina formidable para expresarse. No lo hago por patriotismo, y comentándolo con personas que conocen la lengua, como mi traductor, consideran que es el vehículo adecuado para lo que yo quiero decir cuando escribo. En Europa hay muchas otras lenguas minoritarias que cuentan con una literatura bien estructurada.

-Es escritor, pero también político. ¿Cuánto hay de ese político en sus libros, en su denuncia social?

-Para todos los que hemos vivido bajo el régimen comunista, hay muy poco de política en nuestros escritos. En mis libros no hay más política que en 'El infierno' de Dante o en el teatro antiguo, se lo aseguro.

-Los escritores de países pequeños y a veces conflictivos ¿no adquieren la responsabilidad de representar a sus países incluso en contra de su voluntad?

-Es cierto y es un problema. Yo lo rechazo. Es complicado sobre todo en los países balcánicos, que son muy problemáticos y duros, y por ello algunos desean que los escritores tengan una responsabilidad hacia el público. Es una idea noble pero no creo que sean capaces de asumir esa responsabilidad.

-En 'El palacio de los sueños' hace una metáfora del poder absoluto con un Gobierno que obliga a sus ciudadanos a contar las fantasías nocturnas. ¿Son los sueños el último reducto de la libertad?

-En una dictadura, efectivamente, los sueños se convierten en la guía de la libertad. Incluso para los hombres libres en los países libres también los sueños son un aliciente; imagínese lo que significan para un país que no lo es.

Sin cambios

-¿Su escritura cambió al llegar a París y conocer la democracia?

-Cuando todavía vivía en la Albania comunista me planteé muchas veces este tema: ¿cómo podré escribir en un país libre? Cuando llegué pude constatar con gran felicidad y regocijo que mi forma de escribir no cambiaba en absoluto. Esto me dio una gran paz espiritual. Pensaba: no he perdido nada, escribía antes como ahora que soy libre. Estoy seguro de que he obtenido el Príncipe de Asturias por los libros que escribí sobre el comunismo. Mi gran alegría ha sido descubrir que la literatura puede escapar a la represión totalitaria.

-¿Por qué escribe poco en tiempo presente y prefiere situar sus historias en tiempos pasados?

-Eso no es del todo cierto, también tengo textos contemporáneos. He publicado este año una novela que sucede hoy y tengo entre manos otra que también. Pero es verdad que me gusta más utilizar el tiempo pasado que el actual.

-Próximamente se publicará en español 'El accidente', donde se pregunta sobre el amor. ¿Se ha contestado, existe el amor?

-Se trata de un libro intimista y además contemporáneo. En libro hablo del amor y de la muerte mezclados, y claro que existe el amor.

-Se anuncia su nueva novela como una de sus obras más peculiares, ¿lo es?

-Puede ser, no lo sé exactamente. Pero no me gusta hablar de los libros que todavía no han salido a la calle.

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