lecturas

La biografía poética de Blas de Otero

Aparece 'Hojas de Madrid con La Galerna', un libro con poemas inéditos del autor bilbaíno en edición de su viuda, Sabina de la Cruz

ELENA SIERRA

Al poco de volver a España desde Cuba después de varios años fuera, Blas de Otero estaba ya siendo operado en un hospital madrileño. Y antes de salir de él, estaba ya escribiendo un poema sobre lo que le esperaba en la calle, sobre cómo se sentía, cómo vivía. Ese primer poema, con fecha de 24 de mayo de 1968, es el que da comienzo a 'Hojas de Madrid con La Galerna', el volumen de inéditos que ahora publica Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores con edición de Sabina de la Cruz, la mujer que acompañó al poeta durante la última década de su vida. Reúne 306 poemas, 145 que han sido publicados ya de forma separada en diversas publicaciones y 161 que nunca han sido impresos para los lectores.

Explica Sabina de la Cruz que ese primer poema, 'Cojeando un poco', da muy bien el tono del libro. «Blas nunca hablaba de su vida privada en sus poemas, y sin embargo en estos lo hizo. Por eso podemos decir que es una biografía poética; pero que nadie espere datos concretos ni mucho menos una edición crítica, comentada, más bien se trata de un libro de sensaciones, de sentimientos, de recuerdos, de su vida interior». En alguien muy cuidadoso con su historia personal, que incluso dejó escrito que nunca hablaría mal de nadie con quien hubiera vivido, 'Hojas de Madrid con La Galerna' representa por ello un documento fundamental.

Había vuelto de Cuba con un cáncer y para empezar de cero, «entre el cielo y la tierra, recién divorciado». En ese contexto comienza a escribir 'Hojas de Madrid'. «Estaba instalándose serenamente, de vuelta, en la última parte de su vida». El poeta cuenta su día a día, sus pequeñas rutinas y las de su mujer y amigos, que incluyen por ejemplo a su perro y su pájaro; pero también evoca su infancia en Vizcaya, recuerda su propia historia y por primera vez deja escritos sentimientos encontrados. Hay también espacio para que se fije en y refleje la realidad del momento, como el Mayo francés o la guerra de Vietnam; «quería ir a Vietnam, era un hombre muy preocupado por los temas sociales a nivel internacional» y que terminaría «criticando la Revolución cultural china, que había conocido en uno de sus viajes». E incluso hay lugar para los poemas sobre la propia poesía. «Es cierto, en esta etapa volvió a escribir metapoesía, a tratar ese proceso, el porqué».

La poesía, que tantos problemas le trajo. Primero en su familia, que como casi todas las familias quería para él una profesión seria, de verdad, sobre todo porque debido a la muerte de su padre y hermano mayor le tocaba ser el pilar, el cabeza de familia. La lucha entre lo que se esperaba de él y lo que él mismo esperaba de sí le afectaría tanto que sufriría crisis nerviosas por las que llegaría a estar ingresado de joven. Además, su dedicación poética le supuso otro tipo de problemas 'públicos', con las autoridades y la censura; hay que recordar que la mayoría de sus poemarios no pudieron publicarse en España hasta la democracia.

Obras completas

En este sentido, 'Hojas de Madrid con La Galerna' se convierte en la primera entrega de las obras completas de Blas de Otero que publicará Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores. Un trabajo de años que por fin reunirá toda la creación del poeta bilbaíno como debe ser, empezando por este aperitivo «extraño» por la intimidad en la que se adentra y por la cantidad de poemas nuevos que comprende. Y porque es un libro del que se ha hablado mucho, él mismo lo hizo, y que ve la luz casi treinta y un años después de su muerte.

«A todo el mundo le interesaba el libro», recuerda De la Cruz. «Hubo años de persecuciones para que se publicara. Pero la verdad es que daba miedo. ¿Cómo hacerlo? No sabíamos por dónde empezar, si podríamos». Dos años «totalmente encerrada» y con la ayuda del amigo de Otero Mario Hernández -prologa el libro y fue editor de la obra de Lorca- y el «cuidadosísimo» editor Nicanor Vélez.

Carpetas de trabajo

Nadie puede saber si el poeta tenía en mente publicar estos poemas inéditos, agrupados en dos carpetas de trabajo llenas de papeles, con dos títulos distintos que él mismo terminó reuniendo en uno. «Todo indica que sí. Quién puede decidir eso ahora. Yo creo que no podíamos no publicarlos», dice su viuda. El hecho de que todos los poemas estén fechados -manuscritos, copias, correcciones y más correcciones- apunta a una especie de diario bien ordenado, una tarea muy pensada.

Quería dejar constancia de su vida, y hacerlo de forma ordenada. «Nadie le dijo nunca el pronóstico que dio el médico, pero yo creo que él lo intuía. El médico habló de nueve meses de vida por el cáncer que tenía, y se equivocó. Pero Blas era consciente de lo que había y creo que lo afrontó con valor, con el valor de escribirlo», dice Sabina de la Cruz. «Lo sentía y lo escribía».

Tuvo por delante nueve años de casi normalidad, «más establecido que nunca». Así que podría decirse que murió de repente, «no creía que se moría». Y no fue de cáncer, sino debido a un enfisema pulmonar. «Tenía 63 años. El día anterior había estado jugando el campeonato de mus del barrio con los amigos». El campeonato no terminó nunca porque faltaba él. Tampoco terminaron 'Hojas de Madrid' y 'La Galerna', nombre éste que daba el poeta a sus depresiones.

Venían de repente, de repente él dejaba de estar en el mismo mundo que el resto. «Eso se ve también en los poemas. Y yo no puedo evitar sorprenderme con ellos: hay frases que nunca me dijo, que sólo escribió. Qué solo se sentía entonces, qué tristeza», recuerda su mujer. La soledad, la sensación de abandono, la necesidad de la otra persona. «Me impresionó muchísimo encontrarme poemas como 'Potestades'»; ahí expresa la necesidad del abrazo y del beso, el vacío que le queda cuando ella sale a trabajar, como si hubiera ido muy lejos. «Yo había ido a trabajar y él se sentía tan solo? No me lo dijo nunca».

Correcciones

Esa ha sido una de las sorpresas que se llevó Sabina de la Cruz, a quien el poeta escribía en otros versos inéditos hasta ahora: «Cuando yo muera, tú te sentarás a la mesa con el pelo entrecano y releerás mis papeles, mis cuadernos, mis desdichas». Así se hizo, y muchos de aquellos textos ella no los había visto nunca. «Él tenía sus carpetas y algunas veces me decía, ven, que te leo algo. Si no, yo no leía. Le veía escribir, yo hacía mis cosas, pero no siempre me contaba con qué andaba», recuerda.

Podía estar creando algo nuevo o volviendo a lo anterior. Hay primeras versiones, copias con tachones, papeles con más cambios. Blas de Otero tenía la costumbre de corregirse incluso cuando el libro estaba ya en la calle, así que para dar forma a este volumen ha sido necesario cotejar todas las versiones que había en las carpetas y tener muy en cuenta el orden cronológico. La variedad de temas y el carácter personal de los poemas han convertido el libro en una especie de diario y por eso están ordenados según su fecha de escritura. «Es muy interesante ver cuántos textos están escritos el mismo día o en qué periodos no escribe nada. Aquí es importante leerse bien el índice porque aporta mucha información sobre su estado de ánimo».

Otras piezas se han perdido. Porque aunque era metódico y ordenado, con sus carpetas, también tenía detalles en papeles de andar por casa. Cuando su mujer llegaba del trabajo, podía tener unas líneas escritas en un cuadernito en la cocina. No se puede guardar todo, sobre todo si se está simplemente viviendo. Para registrar esa vida en común ya había textos en las carpetas. «Eso sí que me ha dado apuro, encontrarme tantos detalles de nuestra vida. Cosas que yo no recordaba, a las que no daba importancia. Pero él lo deja escrito con mucha delicadeza y soy consciente de que no puedo mermar la obra de Blas aunque sienta pudor».

Una obra en la que Sabina de la Cruz -compañera, depositaria de su legado y estudiosa de sus textos- quiere destacar, aunque suene raro, el sentido del humor. «Creo que mucha gente no lo entiende cuando lo lee, que lo pasa por alto. Blas tenía un humor muy raro, muy surrealista, difícil de coger. Yo le decía que era muy 'sietecallero', del Casco Viejo de Bilbao, muy de los vascos», explica. «Aparece constantemente, y nunca se le ha dado importancia».

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