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Y otra vuelta más

Keko prolonga el relato más famoso de Henry James y hace suyos los retos del escritor

JUAN MANUEL DÍAZ DE GUEREÑU

En 1898, Henry James publicó 'Otra vuelta de tuerca', su relato más conocido, que ha merecido numerosas revisiones, literarias o no, y aún más abundantes y diversas interpretaciones. El título ya sugiere lo que la obra tuvo de alarde técnico del novelista, que quiso explorar en ella otras posibilidades de su empleo de la perspectiva narrativa, jugando a fondo la carta de la ambigüedad, la sugerencia, el sobrentendido. Se trata de una historia oscura en la que, según la institutriz protagonista, unos fantasmas amenazan la inocencia de los dos niños a su cargo, Flora y Miles, y que desemboca en la muerte de este último.

José Antonio Godoy, Keko (Madrid, 1963), retoma el relato en 'La protectora', un cómic más sombrío aún, creado para la colección 'El cuarto oscuro' (Edicions de Ponent), en la que historietistas españoles escriben y dibujan nuevos títulos a partir de obras literarias que fueron capaces de inquietarlos o de hacer brotar el germen del miedo. Felipe Hernández Cava, que dirige 'El cuarto oscuro', recuerda en su prólogo que fueron Keko y la también dibujante Ana Juan quienes concibieron la colección y se la propusieron al editor hace ya unos años. Desde entonces, añade Hernández Cava, Keko venía dándole vueltas a la posibilidad de componer «una lectura personal de algunos de los aspectos insinuados por Henry James».

La contribución de Keko a ese «cuarto oscuro» de su invención se ha hecho esperar, pues, unos años. Tal dilación deriva del ritmo sosegado con que va entregando a imprenta los cómics que compone. Keko es autor que se prodiga poco, de firma más habitual en colaboraciones de unas pocas páginas para revistas o títulos colectivos que en obras como ésta, que excede el medio centenar de planchas. Y parece propiciar tal producción pausada un trabajo en que se transparenta habitualmente la reflexión acerca de los útiles del relato y acerca del alcance de los recursos propios del medio para dar forma elocuente al universo narrado. Keko es uno de esos autores que, al tiempo que facilitan una lectura sin trabas, inducen constantemente a la pausa y a la relectura, cuyo estilo narrativo trasluce la consideración a fondo de los supuestos de su oficio. Su actitud creadora es similar a la de Henry James, novelista reflexivo donde los haya.

No es extraño, por lo demás, que 'Otra vuelta de tuerca' en particular reclamara la atención del dibujante, pues el relato de James ofrece una exploración minuciosa de lo no dicho, de lo sugerido y lo posible, de modo que la historia en su conjunto y la realidad de cada uno de sus detalles se prestan a interpretación diversa, según el crédito que se otorgue a la narradora y protagonista.

Por lo mismo, constituye un acercamiento particularmente certero a lo siniestro, que, según dijo Freud, surge cuando lo que es familiar y conocido aparece como extraño y amenazante. El relato del clásico norteamericano tiene, en definitiva, capacidad de sugestión sobrada, pues suma a la indagación formal el atractivo de una historia eficaz de género.

'La protectora' es también una obra insólita, uno de esos raros títulos que se acogen gustosos a la atmósfera y los tópicos narrativos propios de un género -en este caso, digamos el de terror, a falta de denominación más apropiada para relatos que no buscan provocar el susto, sino la inquietud, el desasosiego-, pero que, al mismo tiempo, los emplean como trampolín para ensayar nuevos modos de prestar vida y densidad a lo narrado. En ella, Keko explora con sus propios medios expresivos las insinuaciones de James y prolonga así su creación.

Al igual que el escritor norteamericano, es autor particularmente interesado por el empleo narrativo de la perspectiva, que sabe bien que no hay mejor modo de lograr que el lector ingrese en el universo narrado que hacerle compartir el particular modo de experimentarlo de un personaje. Angustias y desazones pueden perturbar fuertemente la percepción que de la realidad tiene éste, por lo que tales convenciones del género ofician de gancho eficaz para interesar al lector, pero sobre todo proporcionan al autor una excusa para sus búsquedas narrativas.

La historia continua

Keko retoma los personajes del relato de James allá donde los dejó éste y, haciendo pie en sus «insinuaciones», los muestra complicados en una turbia maraña de relaciones perversas, culpabilidades y rencores. La institutriz, la pequeña Flora, su tío y tutor, así como el ama de llaves, señora Grosse, y aquel siniestro criado cuyo fantasma amenazaba la inocencia de los dos huérfanos, Peter Quint, cobran vida de nuevo en páginas cargadas de negruras.

Es, claro está, exigencia del género, que precisa de atmósferas lúgubres y figuras sombrías, pero Keko sabe extraer de tal convención jugosas posibilidades gráficas y narrativas. Las masas negras, las manchas y los laboriosos tramados manuales le sirven alternativamente para dotar de presencia rotunda a edificios y pasajes urbanos y para difuminar las figuras; para oscurecer o nublar rostros y para darles la siniestra fijeza de máscaras.

Los negros prestan además a las viñetas una solidez en la que globos de diálogo y cuadros de texto destellan como objetos dotados de su propia dimensión. Ello refuerza su participación en la trama, pues el relato de Keko, elíptico y sugerente, se apoya no sólo en la construcción visual de las diversas perspectivas que contribuyen a él, sino también en los discursos de los personajes, que desvelan las emociones y las intenciones que los mueven.

En este título, como en otros de Keko, el lenguaje del cómic se hace presente, pues el autor se complace en la indagación visual de las formas de su medio. Pero las exploraciones formales, aunque muy evidentes en la definición de algunas planchas o viñetas, contribuyen al flujo del relato, agregando puntos de vista, integrando realidades e irrealidades y complicando así la naturaleza fantasmal de los acontecimientos.

En la nueva vuelta de tuerca que Keko da a la ficción de Henry James en este elegante artefacto narrativo, todo resulta turbio y perturbador. Las motivaciones de los personajes son múltiples, si no contradictorias, la bondad se muestra culpable o sospechosa, la inocencia infantil adquiere tintes sombríos e inquietantes. La pequeña Flora es acaso el personaje que mejor encarna el tenor de esta revisión del dibujante y su perturbadora complejidad, es decir, la eficacia de su propuesta narrativa. Keko ha trazado en 'La protectora', con mano segura y dominio de su lenguaje, un relato denso y siniestro que examina las complejidades de la naturaleza humana y las virtualidades del cómic para exponerlas.

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