Dos nuevas obras muestran la personalidad apabullante del maestro de dibujantes
:: JUAN MANUEL DÍAZ DE GUEREÑU.
Edmond Baudoin (Niza, 1942) es uno de los autores que han definido la renovación de la 'bande dessinée' francesa en las últimas décadas, aunque llegó al cómic casi por casualidad. Él cuenta que, cumplidos los 30 años, la idea de morir sin haber dibujado cada día de su vida se le hizo insoportable, por lo que abandonó un buen trabajo de oficina y se lanzó a ciegas al mundo del arte.
No tenía mayor interés en hacer cómics, pero en los primeros años ochenta, e incitado por la completa libertad que le ofreció Étienne Robial, editor de Futuropolis, Baudoin dibujó algunas obras insólitas en el medio. Como no sabía gran cosa de lo que se publicaba por entonces, contó historias personales, a menudo de carácter autobiográfico y generalmente ajenas a las convenciones del relato de género o incluso a las del relato. Se interesó por el paisaje y por la poesía, por la geografía urbana o por la imaginación de sus personajes. Y lo dibujó todo con un estilo más atento a la expresividad del trazo que a sus funciones estrictamente representativas; es decir, con espíritu de artista, más que de narrador. La singularidad de muchos de sus títulos en fondo y forma abrió caminos que otros autores jóvenes aprovecharon luego para renovar a fondo el panorama de la historieta gala.
Baudoin, autor de una obra ya extensa, no fue traducido al español hasta hace unos pocos años. Pero ya tiene editor entre nosotros (Astiberri) y recientemente han visto la luz dos nuevos títulos suyos, 'Viva la vida', dibujado con Troubs, y 'El vendedor de estropajos', que adapta un relato de Fred Vargas sobre un nuevo caso de su personaje más famoso, el comisario Adamsberg. Dos obras en colaboración que, sin embargo, transparentan su mundo.
Entre octubre y noviembre de 2010, Baudoin y su amigo y también dibujante Jean Marc Troubet, Troubs (Pessac, 1969), visitaron México. Les llevó allá la lectura de '2666' de Roberto Bolaño y la asiduidad con que Ciudad Juárez figura en la macabra crónica de los sucesos brutales. Viajaron con la simple intención de dibujar a las gentes y de preguntarles cuál es su sueño en la vida, a ellos que residen en una ciudad en la que se muere a menudo porque sí. El día de su llegada al lugar, diecisiete asesinatos. La vida y la muerte cotidianas.
Catálogo de sueños
El resultado del viaje y de tal propósito es 'Viva la vida', una obra de título y portada sobradamente elocuentes y muy expresivos, con mucho de reportaje antropológico y hechuras de cuaderno de viajes. En ella, los dos dibujantes plasman indistinta y a veces conjuntamente parajes naturales, rincones de calles o plazas y tipos entrevistos, y sobre todo retratan a gentes corrientes, anotando escrupulosamente su nombre y el sueño que confiesan cuando les preguntan por él. Muchas de las páginas están datadas, como marca de un trayecto recorrido en realidad, que se atiene a lugares concretos y fechas precisas.
Los estilos de Baudoin y de Troubs son muy distintos, pero los hermana e integra la unidad de un proyecto, que resume el lema 'un dibujo, un sueño'. Las variaciones en el dibujo de las páginas de cada uno son a veces tan notables como las diferencias de los respectivos estilos. Ambos usan el apunte rápido de figuras sobrepuestas, el dibujo paciente de línea para algunas vistas urbanas, aunque siempre anima lo mejor de la obra el pincel semiseco con que Baudoin extrae de la mancha escenas o retratos plenos de vida.
El libro declara el procedimiento que los dos amigos siguen: «Dibujamos por la mañana lo que vemos el día anterior. Tres planchas al día de media», cuentan. Se trata de pasar al papel las experiencias concretas de un viaje que explora la humanidad que bulle bajo la violencia irracional.
En dicha labor de inscripción, importan la sensibilidad y la compasión humana que permiten a los dibujantes ver al otro y sentir con él, pero también el trazo mismo del dibujo. «La escritura es siempre abstracta -afirma Baudoin-. Si describo a mi madre, todo resulta abstracto. Pero si me siento a su lado y la dibujo, ella se impone al lector y sobre todo a mí mismo. No hay ninguna escapatoria». En el dibujo, pues, a diferencia de lo que sucede al usar palabras, el autor vuelca su ánimo, su emoción, el temblor de una impresión y de la relación humana que lo une al retratado. Esta manera de entender el dibujo y de practicarlo es lo que da sentido a esta obra y al conjunto de la que Baudoin ha publicado hasta ahora.
Con Fred Vargas
'El vendedor de estropajos' no es la primera historia de Fred Vargas que Baudoin dibuja, detalle notable en autor de tan marcada y tajante personalidad. A ambos, la novelista de éxito, aclamada por lectores y críticos ilustres, y el dibujante de cómics, los liga una vieja amistad, que ya dio como resultado 'Los cuatro ríos' (2009). Como en dicho título precedente, el protagonista de 'El vendedor de estropajos' es Jean-Baptiste Adamsberg, comisario de policía al que su creadora ha dotado de un método que consiste en no tenerlo, de una excepcional sensibilidad humana y de la capacidad para escuchar y comprender al otro.
En esta ocasión, Adamsberg se propone escuchar con atención a Pi Toussaint, un 'clochard' envuelto en un asesinato. Todo en Pi resulta patético y lo ha sido desde siempre, desde que su madre lo abandonó recién nacido y una mancha de café borró casi todo el nombre con que debían bautizarlo. Adamsberg acierta a penetrar más allá de las apariencias que lo incriminan para descubrir, bajo la mugre y la desconfianza del mendigo, su dignidad, y con ella la verdad de lo sucedido.
El propósito de esta obra, en apariencia menor y concebida para entretener, no difiere gran cosa del que sostiene el proyecto de 'Viva la vida'. Se trata de expresar mediante el dibujo y las palabras, mediante la ficción o el reportaje, la humanidad viva bajo la espesa capa de la ignorancia mutua y los prejuicios. Baudoin, siempre joven casi a los 70 años, abre sus ojos y los nuestros gracias a un dibujo que se impregna de individuos y sitios. «Un retrato siempre es un autorretrato», afirma en 'Viva la vida', un libro que enhebra retratos. «El modelo despierta algo de nosotros mismos». No debe de ser casual que su Adamsberg tenga los rasgos de un Baudoin aún joven.
En verdad, toda obra de Baudoin es en buena medida un autorretrato. Y es el vigor de su personalidad lo que las vuelve únicas y nos incita a leerlas una y otra vez.
1- Esta noche dime que me quieres. Federico Moccia. Planeta
2- Prisionero en el cielo . Carlos Ruiz Zafón. Planeta
3- El jardín olvidado. Kate Morton. Suma de letras
4- El temor de un hombre sabio. Patrick Rothfuss. Plaza&Janés
5- El imperio eres tú. Javier Moro. Planeta
6- La palabra se hizo carne. Donna Leon. Seix Barral
7- Años lentos. Fernando Aramburu. Tusquets
8- El temblor del héroe. Álvaro Pombo. Destino
9- Diario de invierno. Paul Auster. Anagrama
10- La sonrisa de las mujeres. Nicolás Barreu. Espasa
1- Viaje al optimismo. Eduardo Punset. Destino
2- La soledad de la Reina. Pilar Eyre. La Esfera
3- ¡Vamos!. Arantxa Sánchez Vicario. La Esfera
4- El precio del trono .Pilar Urbano. Planeta
5- Ahora yo. Mario Alonso Puig. Plataforma
6- Gente tóxica. Bernardo Stamateas. Vergara
7- Todos los niños pueden ser Einstein. Fernando Alberca. El Toro Mítico
8- Los desafíos de la memoria. Joshua Foer. Seix Barral
9- Saber cocinar postres. Mariló Montero. Temas de Hoy
10- Por ti lo haría mil veces. Isabel Sartorius. Martínez Roca
1- Artzapezpikuaren besita. Adam Bodor/ Unai Elorriaga. Elkar
2- Lasterka. Jean Echenoz. Meettok
1- Garrako gerrak Oñatin. Gogoratu Guran Taldea. Intxorta
2- 1512 Nafarroaren konkistak. VV. AA. Txertoa-Abarka
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