artes plásticas

La esperanza está ahí fuera

Otra edición especial para Arco: crisis, retirada del apoyo público y la mirada puesta en el coleccionismo de los países emergentes

GERARDO ELORRIAGA

El trigésimo aniversario de Arco no aventuraba nada bueno. El pasado año, en un contexto de aguda recesión, la mayoría de las galerías participantes tan sólo aspiraba a no sufrir gravosas pérdidas. «No esperábamos nada y fue muy bien», señala Ignacio Múgica refiriéndose a una edición en la que su firma vendió piezas importantes y achaca ese éxito a su carácter internacional. «A la feria acuden coleccionistas alemanes, belgas o brasileños, por ejemplo. Volvemos con la confianza de que la situación se repita y los comentarios que escuchamos al respecto son positivos».

Ese optimismo radica de nuevo en el atractivo cosmopolita de la feria capaz de atraer a seguidores foráneos con criterio y recursos suficientes para ponerlos en práctica. El responsable de la bilbaína Carreras Múgica apunta al mercado exterior como una necesidad insoslayable de su práctica cotidiana. «Vamos a buscar el negocio donde sea», defiende y apunta las ciudades de Turín, Sao Paulo y Colonia como otras citas del arte contemporáneo que resultan importantes para su galería porque en todas cuentan ya con clientes de entidad.

Mirada exterior

Los marchantes miran hacia Europa del Este y cuidan la demanda que proviene del otro lado del océano. El aficionado latinoamericano ha irrumpido con fuerza en su escenario nativo, pero también en el neoyorquino o el europeo, a menudo atraído por la fuerza de sus raíces. Múgica asegura que muchos de esos contactos tienen apellidos vascos, lo que también sucede en el caso de sus clientes madrileños. A pesar de la manifiesta potencialidad, ni se plantea la posibilidad de instalarse permanentemente en esas regiones en expansión. «La infraestructura es muy costosa, tanto material como personal» aduce.

Aquí, la situación de crisis resulta evidente, «pero suceden cosas extrañas y algunas buenas», indica y menciona el éxito de la exposición de Txomin Badiola, aún vigente, de la que han vendido las mayores piezas en detrimento de los 'collages' exhibidos o la obra gráfica, más asequible. «Los coleccionistas apuestan por nombres sin discusión, no les importan pagar precios altos por piezas buenas», arguye.

En esta tesitura son los jóvenes los que salen peor parados, porque la producción de sus obras se revela tan costosa como la de los valores consagrados, pero sus creaciones apenas se venden. «Se hace muy cuesta arriba enfrentarse a ese riesgo», confiesa y reconoce que dicho peligro ha conducido a un equilibrio de su empresa en lo que respecta a la programación entre creadores con proyección y otros en fase de eclosión. Carreras Múgica presenta este año a Xabier Salaberria como artista destacado, aunque su stand también ofrecerá obras de Richard Serra, Asier Mendizabal o Pello Irazu, entre otros.

Territorios ha recabado la opinión de los participantes vascos en torno a las previsiones de este nuevo Arco y la situación del mercado en general. Hay datos objetivos que no animan los mejores augurios para el sector. Siete entidades de la Comunidad Autónoma se presentaron en la edición de 2004, hoy sólo acceden cuatro y dos de aquellos espacios ya ni siquiera existen. «No hay recambio porque esto no es negocio, yo diría que un lucro cesante en términos jurídicos, porque dedicándonos a otras actividades ganaríamos más. Es suicida, como abrir una librería. Sin obcecación, seguir no sería posible», explica Juan Ignacio Velilla, responsable de la donostiarra Altxerri. Nos recuerda que en Bilbao acaba de cerrar una galería y en Vitoria, una ciudad que ya cuenta con casi 250.000 habitantes, tan sólo hay una de relieve. «¿Qué pone la gente en las paredes? ¿Platos de Aranjuez?».

El gestor considera que el ejercicio pasado ha sido malo y que de la supervivencia del sistema también depende el futuro de los artistas «porque los museos sólo se acercan a los consagrados». En el haber, tras muchos años de brega, destaca la reputación obtenida. «Ahora hay una mejor valoración, ya sea respeto o miedo reverencial, antes sólo eran burlas, pero falta que la pedagogía empape a la opinión pública».

El espacio llevará a Madrid a Elena Asins, Esther Ferrer y Jordi Teixidor, tres autores con coincidencias formales, pero no de contenido. «Por la primera apostamos en el 2001 y no vendimos, ahora disfruta de amplio reconocimiento», arguye refiriéndose a la última Premio Nacional de las Artes Plásticas.

A su juicio, Arco 2012 no destacará por su afán provocador. «Seguro que lo chirriante disminuye mucho y el porcentaje de nuevas propuesta disminuye sensiblemente, aunque no llega a desaparecer», pronostica. Altxerri también acudía a las ferias de Chicago y Colonia, pero la iniciativa ya resulta demasiado onerosa. «Sí, hay que salir al exterior, pero cuesta mucho y las subvenciones que otorga el Gobierno vasco se abonan un año después».

Los nuevos ricos arrastran una mala fama, a veces cierta. Así, en el caso de la plástica, la irrupción de los denominados países emergentes no supone necesariamente un reforzamiento del coleccionismo más militante. Velilla admite que los rusos han entrado masivamente, pero asegura que envían 'dealers' a las ferias para seleccionar las piezas y llevar a cabo las adquisiciones. «Sólo se trata de un refugio inversor porque las obras de arte se revalorizan y dan lustre social».

La esperanza puede estar ahí fuera, aunque no tan lejos, en opinión de Fernando Illana. «Los extranjeros no arreglarán nuestros males, pensar eso es infantil», advierte el gestor de Trayecto. La galería ubicada en el casco viejo vitoriano es la única representante de Álava y en esta ocasión se ha decantado por Néstor San Miguel como artista seleccionado para el catálogo general. Su nómina de artista también incluye a Aitor Lajarín, Fernando Sinaga y Beatriz Olabarrieta, entre otros.

El experto achaca las malas condiciones del sector a la irresponsabilidad pública. «Se arrasa con todo el ámbito del arte contemporáneo y parece natural, es muy triste, y ni siquiera el propio colectivo aborda la cuestión». También lamenta las restricciones impuestas en el Artium como consecuencia de la política de austeridad. Su colega donostiarra coincide en la valoración y se declara muy crítico con las decisiones de las instituciones de no adquirir obras. «Es lo más fácil y rápido, parece inocuo, pero no lo es en absoluto».

La estrategia de compras de entidades como el Museo Guggenheim, de ámbito internacional, tampoco es positiva, según Illana, para quien el dinero público sólo beneficia a artistas globales y denuncia que no se apoye la cultura que no está ligada con el fenómeno de masas. «Aquella que está ligada al pensamiento crítico no tiene nadie que la evalúe como algo positivo. Las instituciones públicas no se preocupan por estas cosas, claro, no es Michelin».

La anunciada reforma de la Ley de Mecenazgo no provoca su entusiasmo. Aunque se especula con un aumento en el porcentaje de desgravación por la inversión en bienes culturales, no cree que hallará condiciones favorables. «Las medidas pueden sonar estupendas, pero es difícil que resulte eficaz a corto plazo en un contexto tan deprimido».

A pesar de esta impresión tan desalentadora, confía en que el nuevo Arco aporte sorpresas positivas al deprimido panorama y recuerda que el año pasado no era halagüeño y resultó mejor de lo previsto. Illana sostiene que el dinero fluirá, «no desaparece, tan sólo cambia de canales, y se seguirán vendiendo picassos y tápies», apunta que en el conservador mercado del arte ha surgido un coleccionismo privado más consciente de su labor, de mayor compromiso con los artistas jóvenes, convencido de que si las galerías apoyan sus novedosas propuestas, ellos también han de responder adquiriendo obras.

A por la sorpresa

Esos individuos que aman el arte no precisan de capitales desorbitados para reunir las obras de sus favoritos, en opinión de Petra Pérez, de Vanguardia, una de las firmas más veteranas de Bilbao. «Todo depende de la capacidad de enamoramiento que desarrollemos». Ella tampoco distingue entre circunstancias tan adversas como las actuales y tiempos pasados, aparentemente más felices.

Si las condiciones comerciales no han variado fundamentalmente a lo largo de las últimas décadas, tampoco piensa que la retirada de las instituciones públicas y la retracción de las colecciones empresariales cambien el estado de cosas. «Puede parecer una medida muy perjudicial, pero está claro que la Administración sólo compraba en determinadas galerías, las mismas que ahora se decantarán por los valores consagrados para garantizar sus ventas», indica. «Las demás somos las que mantenemos la realidad del mercado, las que sustentamos a los artistas».

La crisis no es económica, sino de valores, en opinión de Pérez, «al consentir un exceso de rentabilidad a costa de una explotación de los más desfavorecidos», tal y como reflejan las imágenes de Marisa González, una de sus artistas seleccionadas. El espacio de Vanguardia también incluirá piezas de Elena Asins, Alfonso Batalla, José Manuel Ballester y Rut Olabarri.

Arco es algo más que un mercado, en su apreciación. La galerista mantiene que la participación también es esencial en la labor de promoción de los creadores. «Las inversiones, los valores en alza y la gran rentabilidad forman parte de un sector del arte que en España es más una ilusión que una certeza». Frente a quienes advierten que la cita anual arriesga cada vez menos, propone una reflexión personal: «¿No será que nos detenemos en los stands más conservadores porque nos sentimos más seguros?».

Tras la efervescencia de la semana en la que se celebra la feria, siempre bien atendida por los medios de comunicación, la vertiente comercial retoma su rutina, acosada por predicciones nada complacientes. Ignacio Múgica está convencido de que no se abrirán nuevas galerías y que las pequeñas aguantarán reduciendo gastos y programando menos exposiciones. «El drama es que no surgirán otras y el arte contemporáneo exige estas iniciativas para mostrar las últimas propuestas. Aquí faltan jóvenes licenciados que apuesten por el arte contemporáneo».

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