artes plásticas

Cuando nos convertimos en cyborg

La obra de Marina Núñez testimonia la irrupción de la nueva naturaleza humanoide Rufo Criado apuesta por una abstracción cargada de una lectura comprometida y pasional

GERARDO ELORRIAGA

Rufo Criado (Aranda de Duero, 1952) reclama un lugar donde trabajar, un espacio que no ha de ser necesariamente físico, pero que debe colmar los intereses del artista contra los vientos y mareas de las mudables tendencias. Dicho escenario tiene que aportar un 'leiv motiv' para la creación y, en su caso, la naturaleza se convierte en referencia obligada. La exposición que acaba de inaugurar en la Sala Rekalde ejemplifica esa línea transversal con una reflexión en torno al rol del agua a lo largo de su trayectoria. Sin ánimo de convertirse en una retrospectiva, pone de manifiesto las variaciones sobre el tema llevadas a cabo en diferentes periodos y sobre distintos soportes. «Es una especie de revisión y reubicación a nivel mental», explica el autor.

El punto de partida cronológico es una pequeña pieza de planteamiento pictórico. El color plata, alusivo al elemento líquido, se encuentra en el aluminio, en las chapas galvanizadas de la serie que da nombre a la muestra y que, hasta la fecha, el público no había podido ver completa. La inspiración es muy concreta, el artista habla del río Riaza que discurre cerca de su estudio. Su influjo se traduce en lecturas emotivas tal y como revelan los papeles acuarelados, «un intento directo de dar a conocer sensaciones del arroyo y del paisaje», pero también en obras como la que sugiere una ventana abierta sobre el caudal, con una formalización ligada a la disposición geométrica tan característica de su trabajo. En esta ocasión la superficie gris del agua contrasta con el granate, dorado y azul, propios de la ornamentación medieval. «Trato de imbricar diferentes historias para generar una producción propia».

El artista incluye a menudo piezas de su archivo fotográfico ligado al río, aunque su ampliación convierte la representación en una textura, el fondo en el que se insertan planos de color, bandas impresas y dibujadas generando contrapuntos y perspectivas. «Sigo elaborando una pintura que se acerca a la abstracción, pero el origen, la razón de ser, remiten a la naturaleza», aduce y señala que siempre desde un punto de vista más vinculado a la experiencia que a la interpretación.

El artista burgalés vindica una experiencia emocional ante la obra abstracta y define su trabajo como expresionismo formalista. «Porque quiero incluir el sentimiento que una obra expresiva requiere». En algunas de sus obras, el plano collage rompe la mirada puramente esteticista. «No quiero quedarme en la deriva decorativista de cierta manifestación geométrica, busco la intensidad», alega.

Su inquietud también ha roto con la característica bidimensionalidad del lienzo. Algunas maderas y estructuras metálicas presentes en la exposición adquieren volumen y se aproximan a la idea de la escultura sin asumir tal definición por su artífice, que las define como 'pinturas en tres dimensiones' y a sus cajas de luz surgen como 'experiencias de color luz', no como objetos. «Siempre son fruto de la mirada del pintor, aunque las posibilidades sean múltiples y abiertas».

El compromiso social aparece también en ese lugar necesario para Criado. El artista pretende que la obra tenga una utilidad, que transmita una carga positiva. «Por eso me molesta la dignidad que se le está sustrayendo a la investigación y a la creación artística», protesta y apunta que se ha pasado del disparate de la sobreabundancia institucional a la desaparición. «Una cosa son los recortes y otra que al final te den una limosna. Lo que precisa el arte es que se le otorgue la consideración que merece», defiende. «La cultura es un bien necesario».

Cuando nos convertimos en Cyborg

:: G. E.

La metamorfosis tiene lugar en directo, como si se tratara del fotograma congelado de una película. Las cabezas se derrumban, se quiebran o explotan, y a partir de sus despojos se transforman en algo diferente, adquieren otra novedosa consistencia. Parece como si asistiéramos al inquietante proceso de mutación del individuo. «Las nuevas tecnologías y la sociología nos están situando en un plano de cambio sin precedentes», sostiene Marina Núñez. «Tenemos que afrontar que la naturaleza humana no es ya lo que la filosofía occidental había definido». Las infografías y dibujos de la artista (Palencia 1966), expuestas en Espacio Marzana, nos testimonian ese paso hacia la condición humanoide o cyborg.

La ciencia ficción ya no es un ámbito para la especulación, sino un tratado del presente. «Ya es la vida real y no sabemos hacia dónde nos lleva», advierte. La compleja identidad tanto de un mundo como de un sujeto en continuo estado de alteración son motivos para la reflexión de la creadora. La obra exhibida en Bilbao combina medios tan alejados como el óleo y la impresión digital, aunque minimiza la diferencia. «Toda la imaginería parte de esculturas en tres dimensiones elaboradas en el ordenador y el dibujo en el papel, preciso y minucioso, resulta muy similar al llevado a cabo con el ratón», indica.

Si bien su trabajo no parte del gesto, no resulta espontáneo en absoluto, Núñez aspira a estimular emocionalmente al espectador. «No tanto por la forma, a veces, fría, en otras ocasiones, más cercana, sino por la narrativa y la presentación», explica y señala el deseo de que el observador sienta su propuesta en la piel, no sólo en el cerebro. «Me gustaría que tuviera lugar una respuesta sensorial».

La trayectoria de Marina Núñez, sus referencias e inquietudes, sugieren similitudes con otros autores de su generación, visibilizada a partir de los años noventa. El cuestionamiento de la identidad es un asunto común y la pluralidad de medios empleados constituye otro rasgo generalizado. «Creo que aportamos un cambio del paradigma del artista en España», indica la creadora y establece diferencias con sus antecesores, pero mantiene conexiones con las promociones posteriores, una relación alimentada por la falta de prejuicios en la formación. «Somos todos muy 'media', nos hemos nutrido de la alta y baja cultura, de la plástica, pero también del cine, la televisión e Internet».

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