artes plásticas

Fuera del cuadro

Alimentos en descomposición, poemas eructados o laberintos conforman una oferta expositiva con discursos y formatos heterogéneos

:: EDUARDO LAPORTE. 

Decía la escritora Flannery O'Connor que si la gente no oye, hay que gritar más, y que si no ve, será necesario escribir con letras más grandes. No es que sus relatos, leídos hoy, resulten escandalosos, pero quizá sí en la puritana sociedad norteamericana rural de mediados del siglo pasado. De alguna manera, logró que su mensaje calara, ya que su obra se sigue leyendo hoy y es objeto de estudio en numerosas universidades europeas y norteamericanas. ¿Llamar la atención para conseguir tu cuota de atención? En 1971, Chris Burden hizo que le dispararan en un brazo para ganar su billete a la inmortalidad. Tituló su obra 'Shoot' y añadió lo siguiente: «Hoy en día, si quieres ser un artista influyente tienes que hacerle algo desagradable a tu cuerpo, puesto que todo lo demás ya se ha hecho».

El famoso urinario de Duchamp, del año 1917, mitad innovación, mitad provocación, inauguró una carrera por ver quién ocupaba una parcela creativa, vanguardista, que no tuviera dueño. El siglo XX fue testigo de la gestación de diversos discursos que llevaban lo artístico mucho más allá de las siete artes reconocidas académicamente. Provocación, pero también audacia creativa, como se demuestra en el trabajo de Gil J Wolman, cuyas obras se exhiben en el Macba de Barcelona hasta el 9 de enero de 2011. Poemas del aliento y el sonido puro que Wolman eructaba en unos recitales parisinos que eran todo un acontecimiento. La base de este arte que él consideraba lírico se apoyaba en los pulmones, del modo en que la poesía tradicional lo hace en las palabras. Gil J Wolman (París, 1929-95) fue uno de esos artistas totales que transitó por oficios tan dispares como el de periodista, capitán de barcaza, tejedor, armador, traficante, camionero, barman. A esos insólitos poemas guturales, que llamó megapneumias, se unió una forma de hacer cine llamada 'L'Anticoncept', una película concebida para ser proyectada en un globo de helio.

Provocadoras o no, estas representaciones, experimentales en su día, comienzan a instalarse con mayor frecuencia en los museos y centros de arte contemporáneos. «Sus características extrañas y evidentes al mismo tiempo y mi interés por los artistas que 'abren puertas' me motivó a traer a Gil J Wolman al Macba», comenta Bartomeu Marí, director del centro catalán y uno de los comisarios de la exposición. Extrañas, por lo novedoso de su trabajo, y evidentes, porque el trabajo de Wolman puede reconocerse en el dadaísmo, dentro de diversas tradiciones de vanguardia, incluso en el pop, como indica Marí. Paralela en el tiempo, el museo Reina Sofía, en Madrid, ha reabierto el Palacio Velázquez, en el Retiro, para ubicar la exposición de Miralda, 'De gustibus non disputandum', una muestra que se compone, según la nota de prensa, de montajes fotográficos, proyecciones de películas, esculturas/monumentos, objetos y dibujos preparatorios. Entre todo ese material, montajes como 'Banquet', en el que una serie de platos de arroz, servidos en una elegante mesa color vainilla, con sillas propias de embajada, trastocan la percepción del espectador, que no espera encontrar esa comida en avanzado estado de descomposición, cubierta de moho blanquecino. O toda una serie en la que expone una colección de objetos inclasificables que tienen que ver con el mundo de la comida. Cervezas con etiquetas de Franco o Hitler, una cantimplora fabricada con la pezuña de una res, un batido de chocolate para menopáusicas, una capsulita con semen o una colección de 'caganers', o figuritas en posición fecal se pueden visitar hasta el 17 de octubre.

Al acceder a otra sala, el visitante se topa con una lengua de colosales dimensiones confeccionada con cientos de fotografías de distintas lenguas. También con una enorme colección de cajas de plástico, asépticas, como las que usaría un arqueólogo, para almacenar material relacionado; es el Archivo del 'FoodCultureMuseum'.

El año pasado, en la bienal de arte efímero que se celebra en Granada, la artista Thris Scott adhirió a su cuerpo todos los objetos de desecho que iba encontrando por la ciudad. Luego los entregaba al museo, para fueran tasados, entendiendo que esos objetos tienen tanta cabida como las vasijas, diademas o anillos de civilizaciones antiguas.

Disensión

¿Qué mueve a los responsables de los museos a programar exposiciones que requieren una actitud del espectador más abierta de lo habitual? «A Manuel Borja [Villel, director del Reina Sofía] y a mí nos interesa el 'lado oscuro de la luna'. Pero ni Miralda ni Wolman son artistas 'raros'. Se enmarcan en tradiciones concretas, pero que no gozaron de éxito comercial y en este país se ha asociado el valor del arte con su cotización en el mercado, cosa que supone un grave error. El museo debe hacer aparecer aquellas líneas de creación y valor que no gozan de podio en nuestra cultura. La convención, en sí misma, no garantiza valor sino asentimiento generalizado. Y el arte es una cuestión de disensión, no de unanimidad», valora Marí, director del Macba. El crítico y profesor de Estética y Teoría de las Artes, Fernando Castro Flórez, previene de los peligros de caer en el otro extremo, el de la provocación por la provocación. «Me desagrada sobremanera lo que persigue escandalizar como objetivo máximo, no es otra cosa que una estrategia patatera del márketing», sostiene este especialista que apuesta, en cambio, por lo sutil. «Aquello que te 'provoca', pero por su lucidez, no por su garrulez».

Los centros de arte amplían su oferta a propuestas más globales, más allá del cuadro y la cartela, pero esto no significa que este tipo de manifestaciones artísticas sean nuevas, como recuerda el crítico de 'ABCD', Fernando Castro Flórez. «Se inicia ya en los años sesenta, basta pensar en las 'combine painting' de Rauschenberg», cita el profesor, que vuelve al presente para elogiar el trabajo de artistas como Anish Kapoor, cuya producción se puede contemplar en el Guggenheim Bilbao hasta el 12 de octubre. Indio de Bombay, pero residente desde 1973 en Londres, Kapoor se considera a sí mismo escultor, aunque el término quizá le queda corto. Con obras como 'Disparos en el rincón (Shooting into the Corner)', en la que las manchas de pintura roja impregnan con violencia una pared de blanco inmaculado se transita hacia un tipo de arte que dilata los márgenes de los géneros y los formatos. ¿Hay belleza en esa explosión de color rojo, con esa carga de violencia subyacente? Para el crítico Castro Flórez, «el concepto de lo épico y lo estético de Kapoor está atravesado por la más honda poesía, con unas obras que se alejan completamente de la cultura de la banalidad, la provocación o el escándalo». Y añade: «En su obra late lo enigmático y la tensión de la materia. Es uno de los pocos que arriesga y sale del paso con éxito».

Porque la búsqueda de nuevos códigos puede implicar una desconexión con el público, que no siempre recibe con igual apertura cierto tipo de obras. Es el caso de 'L'Anticoncept', la película de Gil J Wolman proyectada en un globo de helio. «Salir de la sala a media proyección forma parte de las reacciones aceptables, pero cosas más insoportables se ven y se escuchan cada día...», reconoce el director del Macba. Ideado en los primeros cincuenta, el trabajo de Wolman emparenta con los dj's actuales y es lo más cercano a una representación multimedia que se podía hacer entonces.

Otras propuestas

El museo como contenedor de todas las manifestaciones artísticas posibles. Como la grieta 'Shibboleth', que la colombiana Doris Salcedo, Premio Velázquez 2010, 'expuso' en la Tate Modern de Londres, hace tres años. Fue la primera intervención física, tangible, que un artista realizaba en la Modern, y aún se puede comprobar su cicatriz. No tan transgresora ni polémica, pero sí centrada en una temática que escapa del concepto de arte contemplativo es 'Por laberintos', que el CCCB (Centre de Cultura Contemporània de Barcelona) inauguró el 28 de julio y que se podrá visitar hasta el 9 de enero del año próximo. El comisario y diseñador de la exposición es el arquitecto, de perfil humanista, Óscar Tusquets, ha ideado distintas representaciones para entender la complejidad del laberinto. En el recinto del Pati de les Dones, se ha creado un laberinto cuadrangular en un umbráculo (cobertizo para mantener flores a la sombra). De ahí emerge una trama de cables que genera un juego de sombras que crea a su vez otro laberinto, que cambia a lo largo del día y por el que se puede caminar. Hay recorridos unicursales, es decir, intrincados pero únicos, sin opción de pérdida, que ilustran la historia del laberinto a lo largo de varias épocas, y otros con distintas alternativas para perderse. Son recorridos físicos, laberínticas instalaciones a las que se unen apoyos teóricos, como el relativo a la inutilidad del hilo de Ariadna en los laberintos unicursales, sin opción de perderse.

A partir de otoño, el cGac de Santiago de Compostela convertirá la ciudad en una prolongación del museo, con la muestra 'La ciudad interpretada', con el artista multimedia Rubén Santiago responsable de una intervención promovida por el Xacobeo y el Auditorio de Galicia. Forma parte de una programación de la que el consejero de Cultura gallego, Roberto Varela, señaló que había dado un giro moderado, para potenciar la variedad de la oferta expositiva, y hacerla más ambiciosa.

La performance, el ready made, el arte de lo efímero, las instalaciones complejas, visuales, provocadoras, se cuelan con naturalidad en los museos españoles. Ensanchan la dimensión del arte y su función pública y conviven con propuestas de carácter más educativo, que replantean la potencialidad del mensaje artístico. El IVAM de Valencia programará en diciembre 'ALBINOS - En la sombra del sol', un proyecto artístico de sensibilización que aborda el complejo tema de la comunidad albina en Tanzania, víctimas de atroces abusos por parte de la población negra.

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