artes plásticas

Lo que las fachadas esconden

El libro 'Bilbao Interiores' muestra la decoración y las colecciones de arte y mobiliario de casas y palacios de la capital vizcaína y Getxo

CÉSAR COCA. No es el barroco un estilo arquitectónico que se pueda identificar con la ciudad de Bilbao. Sin embargo, el espíritu del barroco, su teatralidad, ese afán por esconder efectos sorprendentes tras fachadas sobrias, está muy vivo en esta ciudad. Lo que sucede es que muchos no lo saben porque no han tenido la posibilidad de adentrarse en esos interiores en los que aparecen la modernidad, la tradición, el estilo inglés y hasta un aroma a sabana africana.

'Bilbao Interiores' recorre una treintena de casas de la capital vizcaína y de Getxo y un puñado de espacios públicos no demasiado conocidos por el gran público y muestra lo que hay detrás de las fachadas: el fruto del coleccionismo de los años dorados de la burguesía bilbaína con las influencias llegadas de las islas británicas, la tímida aparición de las vanguardias con un modernismo propio de este arranque de milenio que se observa ya en hogares de las familias más jóvenes. El volumen, escrito por Carmen Gomeza Barandiarán, ilustrado con 135 fotografías de Txetxu Berruezo y Joseba Bengoetxea y editado por Enrique Portocarrero, ofrece una visión distinta de la ciudad. Es algo así como un 'diablo cojuelo' que levanta los tejados de Bilbao y Getxo no para hacer una sátira de nuestro tiempo, sino para mostrar sus interiores de manera que todos puedan disfrutar de ellos.

El auge de la construcción de las grandes residencias familiares en el centro de Bilbao y en Getxo se produce al comienzo del siglo XX. Empresarios de la siderurgia, la minería, la construcción naval y la banca encargan el diseño de sus casas a los mejores arquitectos que trabajan en la Villa: de Manuel María Smith, sin cuyos proyectos no se entiende el Bilbao de hoy, a Bastida, Garamendi, Rucabado, Oriol y otros.

Por las mismas décadas se levantan también algunos de los edificios que mejor simbolizan la pujanza de la capital vizcaína: el Palacio Foral, inaugurado justo en el cambio de siglo, la Sociedad Bilbaína, la Filarmónica, los palacios San Joseren y Artaza, la estación de Atxuri, Ibaigane, el hotel Carlton... Varios de ellos pasan también por las páginas de 'Bilbao Interiores'.

¿Qué hay en su interior? El libro está dividido en distintos apartados, que permiten ir recorriendo los rincones de cada casa. El capítulo 'Coleccionismo', por ejemplo, es un paseo por los gustos pictóricos de sus dueños. Aquí hay casi de todo a partir de comienzos del siglo pasado: Lazkano, Sempere, Ameztoy, Mari Puri Herrero, Nagel, Chillida, María Blanchard, obras de El Paso y Equipo Crónica, Regoyos, Losada, Iturrino... Los muebles son en muchos casos de mayor antigüedad y aquí y allá se pueden ver esculturas africanas, piezas mozárabes, vírgenes policromadas de época prebarroca, cómodas estilo Regencia... En algunas casas el estilo es uniforme. En otras, el eclecticismo domina las colecciones, mostrando una variedad a veces sorprendente.

Espacio para la tertulia

La tertulia requiere su ambiente y su espacio. El Lyon d'Or quedó para siempre en la historia de Bilbao pese a que sólo estuvo abierto un par de décadas. En pie están El Sitio, el Marítimo del Abra, la Filarmónica -lugar de tantas conversaciones, además de templo musical- y la Bilbaína, en cuya declaración de intenciones figura que tiene por objeto «la lectura y el recreo». De ahí también que disponga de una biblioteca que, sin olvidar sus importantísimos fondos, es un espectáculo en sí misma. Y de una sala de billar de amplias dimensiones, que permite jugar, ver a quienes juegan y charlar a aquellos que sólo ocasionalmente prestan atención a lo que sucede sobre las mesas de tapete verde.

Algunos salones familiares muestran el gusto que siempre ha existido en Bilbao por lo inglés. Es la herencia de un tiempo, finales del XIX y principios del XX, más o menos hasta la época de la República, en el que el intercambio comercial entre el País Vasco y el Reino Unido era constante. Esa influencia que durante décadas se ha observado también -hoy menos- en el vestir, se hace patente de forma muy especial en salones y comedores. Y hasta en rincones de trabajo. El estudio de Manuel María Smith, conservado por sus herederos como estaba a la muerte del arquitecto, es un perfecto ejemplo de esa influencia. La casa está en Bilbao, pero podría pensarse que se levanta en Londres o en Liverpool.

Pasiones íntimas

Quizá lo más sorprendente es cómo algunas familias han llevado su pasión por el teatro hasta los rincones más íntimos. Una 'toilette' homenajea a La Fenice, el teatro de ópera veneciano que ha sido pasto de varios incendios y, haciendo honor a su nombre, ha renacido de sus cenizas. Mármol azul para el suelo, imitando los canales, una góndola que los surca es en realidad el lavabo, y un telón de teatro divide en dos el cuarto de baño. Contemplándolo todo con sus ojos vacíos, unas máscaras de la comedia dell'arte con los personajes más célebres del carnaval. Esa decoración que quizá pareciera kitsch en Venecia está al borde mismo del Cantábrico.

Contrastes aquí y allá. Porque hay familias que han optado por decorar algunos espacios como si fueran construcciones en mitad de la sabana africana. Otras combinan los techos de madera propios de las buhardillas con un toque de vanguardia al instalar luces fluorescentes de colores. Todo ello a muy poca distancia de una Sociedad Bilbaína con su espectacular escalera en forma de espiral o del palacio San Joseren y su arquitectura interior en tonos pastel.

Bilbao fue hasta no hace mucho una ciudad dominada por el color gris. Pero eso era sólo en su exterior. Tras las paredes se escondían muchos secretos repletos de luz.

Título: “Bilbao Interiores”.
Texto de Carmen Gomeza Barandiarán. Fotografías de Txetxu Berruezo y Joseba Bengoetxea. Edición de Enrique Portocarrero.
Páginas: 152.
Precio: 26 euros.
Más información: calaolivera@gmail.com

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