El origen incierto de la Retreta

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FRANCISCO GÓNGORA
Si George Brassens o Paco Ibáñez vinieran la víspera de San Prudencio a Vitoria se quedarían paralizados. No se moverían. Ellos se han cansado de cantar en París aquello de que «la música militar nunca me supo levantar». Sin embargo, a los alaveses les gusta este toque castrense refinado por el viejo maestro Aramburu con letra de Venancio del Val. Les pasa a los austríacos con su célebre concierto de Año Nuevo que arranca con la ‘Marcha Radetzky’, un homenaje de Strauss el viejo a un mariscal que luchó contra Napoleón.
Y eso es lo que tienen en común austríacos y alaveses. Una de las teorías del orígen de esta melodía es ‘La francesada’. Entre 1807 y 1813, 6.000 soldados de Napoleón transformaron Vitoria en un gran cuartel y reforzaron su muralla que se cerraba cada noche a cal y canto. Eso mismo pasaba desde que se construyera el recinto fortificado en el siglo XI hasta bien entrado el XIX cuando por razones de higiene se derrumbaron las puertas y las torres que daban paso a las calles gremiales. Fuera en tiempos del dominio francés, o antes, el investigador Joaquín Jiménez sostiene que, no se sabe a ciencia cierta, pero era lógico que «los días de fiesta los pregoneros encargados de avisar del cierre de las murallas repitieran el el aviso varias veces porque la gente era remisa a volver a casa. Muchos se harían los sordos para seguir la juerga en ese espacio que ocupa la plaza de la Virgen Blanca».
Desde 1879
Lo que sí ha podido documentar Joaquín Jiménez en sus estudios de costumbres es que en 1879 «se restablece la retreta en la Casa Consistorial con atabaleros y clarineros»; que en 1888 se llegó a tocar en la plaza de Santa María, junto a la catedral, donde antes se realizaba la procesión del santo; y que en 1927 ya se tocó en los dos lados, en el Ayuntamiento y en la Diputación.
En cuanto a la presencia de atabaleros y trompeteros, son las cortes, primero y las ciudades después las que incorporan estos músicos para abrir y cerrar actos ya desde el siglo XVI. Pero según la documentación, los de Vitoria en 1879 eran clarineros, o sea tocaban los clarines.
Está claro que la tradición no es de siempre sino que se reconstruye y Joaquín Jiménez, gran impulsor de las fiestas de San Prudencio, cuando Carlos Pérez Echevarría era diputado de Cultura sabe mucho de ello. Él recuerda, por ejemplo, que hay una letra diferente a la de Venancio del Val: «Voy a la plaza a oír la retreta y ver cazoletas de iluminación. Hay una neska que me ha enamorado y se ha llevado mi corazón».
Con esta letra o con la de siempre a las 8 del día 27 de abril, atabaleros y trompeteros de Diputación y Ayuntamiento arrancan la fiesta con el primero de los cuatro toques en la Casa Consistorial. Luego van desfilando hasta la Diputación donde desde las 9 se repiten los toques cada cuarto de hora durante una hora. «Es la Retreta de nuestro patrón», se canta..