Los toques al sol

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MARÍA ZABALETA
Con perdón para los cinco atabaleros y trompeteros forales, la Retreta suena diferente desde el balcón del Ayuntamiento. No sólo porque tienen el refuerzo de cuatro trompeteros municipales, también porque su tradición hunde sus raíces en el Consistorio. Por lógica, por sentido común, porque en sus inicios era un toque para avisar del cierre de las puertas de la muralla, algo que gestionaba la Corporación. No obstante, la institución provincial ha logrado hacerla 'suya' y convertir la Retreta en el acto oficial con mayor solemnidad del calendario festivo. Con una plaza de la Provincia y un Palacio foral que deslumbran.

Porque ni hay murallas que se cierran al toque de trompeta ni ganas de recogerse en casa cuando llega San Prudencio. Así que, un año más, cientos de vitorianos volvieron a escuchar ayer la Retreta con la idea de mutar el sentido histórico de los sones de trompeta y tomarlos como una invitación a la fiesta. Y es que hoy todavía es el día en que el sonido de los atabaleros y los trompeteros, ya sean municipales o forales, estremece al personal. «Para mí son las fiestas con más sabor a lo nuestro. La Blanca está más masificada, cada vez es más turística y se vive de otra manera. San Prudencio es más familiar», comparaba Juanjo Díaz de Corcuera. «A mí me trae recuerdos de cuando era crío, de los caracoles, de la subida a Armentia con mis padres, de los kalimotxos en las campas...», se apresuraba a suscribir a su lado Pilar Aguirrezábal, en una plaza de la Provincia que ayer cambió los paraguas por tirantes. Ahora bien, por más que los toques sonaran al sol, guardaron la cadencia de siempre.

Y el 'tran, tran, trantran' -título popular con el que se conoce la pieza compuesta al alimón por Luis Arámburu y Venancio del Val- sonó de nuevo a ritmo marcial. Cinco veces en el Ayuntamiento -aderezados por otras tantas exhibiciones de música y danza a cargo de profesores de la Academia municipal de folklore y de los guiños a la mitología vasca de los dantzaris de Indarra-. Cinco veces frente a un palacio foral donde la ya clásica comparecencia del grupo Algara Dantza se sumó este año el torrente de voces a capella de Vocalia, un grupo vocal femenino que, desde su fundación en 1999, ha recibido más de una veintena de premios en certámenes internacionales. Y entretanto, entre bastidores, a pan y agua. Nada que ver con los homenajes culinarios que se dieron, ya entrada la noche, las sociedades gastronómicas. A su atronadora digestión le sigue hoy una romería, por fin, sin chubasquer