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Recetas de inmersión

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MARÍA ZABALETA
Acostumbrados a competir en otras plazas, cuando se les sugiere que dediquen un par de horas a zambullirse entre fogones responden con dos interrogantes: dónde y cuándo. Acto seguido, los tres dan un sí rotundo a la propuesta de EL CORREO de colarse en su cocina. Los fogones de la sociedad gastronómica La Globa sirven, así, de escenario para que tres socios del Club de Natación Judizmendi, distinguido con la Medalla de Álava en el año del 75 aniversario de su fundación, den forma a los sabores más auténticos de San Prudencio.
Javi Garagalza
«Hago caracoles en Navidad y los guardo»

En casa de los Garagalza, los caracoles son mucho más que un sabor ligado a la festividad de San Prudencio. Son uno de esos platos que evocan las viejas reuniones familiares, que destilan calor de hogar. La tradición caracolera de la familia se remonta a los años en que la madre de Javi, presidente entre 1988 y 2008 del Club de Natación Judizmendi, preparaba grandes caracoladas para celebrar la Navidad en su Bermeo natal.
Era de aquellas cocineras de antaño que regalaba a sus platos el tiempo, el cariño y la dedicación con que deben fabricarse los buenos guisos. Y la receta ha calado hondo en su hijo, relevo natural de una tradición que aún perdura. Fiel a ella, Javi sigue sin cambiar una coma de esa receta, bermeana por encima de todo, –caracoles de Bermeo, cebollas de Bermeo, pimientos choriceros también de Bermeo...– que exprime en Navidad con vistas también a San Prudencio. «Para Nochebuena y Nochevieja preparo unos 8 kilos y congelo algún ‘tupper’ para estas fiestas», cuenta antes de que la natación se cuele inevitablemente en la conversación.
Y es que el Judizmendi no habría llegado a ser lo que es sin el sacrificio y la dedicación de personas como Garagalza. Entró en él como nadador a principios de los 60, después de haber llegado a ser campeón vasco navarro con el Vitoria, y llegó a ser su máximo responsable durante dos décadas. Y, hoy, a sus 65 años, ni se ha ido ni se irá. «Porque la natación ha sido mi vida y el Judizmendi, más».
Alexander Salazar
«San Prudencio era fecha de campeonatos»

Alexander Salazar es un joven de costumbres metódicas. Sobra decir que desde que empezó a nadar con ocho añitos para combatir su asma no se ha separado del cronómetro. Primero como nadador de competición; después como entrenador y responsable de la escuela de natación del club. Y es que, por encima de todo, la natación exige sacrificio, renuncia y tesón, unos valores «que cada vez cuesta más inculcar a los chavales», lamenta, pero que él, en cambio, lleva tatuados a fuego. Por eso, pese a sus escasos conocimientos culinarios, Álex no titubea a la hora de sacar a flote su afán de superación para dar forma al obligado revuelto de perretxikos. Y mientras desmenuza las setas para cuajar el plato relata cómo la natación le ha impedido disfrutar de «muchos San Prudencios», una de esas fechas que suele aparecer marcada en rojo en el calendario de competición.
Aun así, Alex procura disfrutar de la fiesta siempre que puede. Los caracoles, que de pequeño él mismo recogía con su padre por la zona de Pobes y ayudaba después a limpiar, nunca han faltado en la mesa familiar. Tampoco el paseo por las campas ni el farreo nocturno, una vez colgado el bañador de la alta competición.
Maite González de Heredia
«No falto a ningún acto de estos días»

Maite González de Heredia no tuvo relación con la natación hasta que su hijo entró a formar parte del Judizmendi a mediados de los años 90. Pero entonces, esta vitoriana de pro decidió extrapolar al club su papel maternal y, desde su rol como delegada de un colectivo que supera los 600 socios, terminó por convertirse en la «mami» oficial en todos los viajes de competición. «A mí me encantan los críos. Tienes que chillar mucho, pero te dan media vida», cuenta antes de empezar a elaborar un sorbete de limón, el postre que propone para aligerar el pesado menú del día de San Prudencio.
Y es que, salvo los caracoles –que ella misma limpia y cocina pero que es incapaz de comer– Maite vive unas fiestas de manual. Hoy toca Retreta en el Ayuntamiento y en la plaza de la Provincia, cena con la cuadrilla y Tamborrada, y ya mañana, zortziko y visita a las campas de Armentia donde, a su juicio, la fiesta se ha desvirtuado. «La romería ya no es lo que era. Aquello, más bien, parece un mercadillo». .