ÓSCAR CUBILLO | BARAKALDO
Según nos contaba Torkel, un roquero padre de dos hijas y el martes pastor en el BEC de ocho niñas y dos críos, en total diez criaturas de Dios, los Jonas Brothers son tan famosos porque suenan y aparecen a todas horas en el Canal Disney “y en esos canales de dibujos animados”. Gracias a ello (no escribiremos que por culpa de) se han convertido en iconos de párvulos, infantes y prepubescentes que gritaron a modo en un BEC donde oficialmente se reunieron 13.000 personas, la mayoría niñas.
Lo de ese martes fue una ceremonia de la algababía y del griterío arrancada antes de tiempo. Alguien suponía que uno de los Jonas se asomaba entre bastidores, gritaba y el chillido se propagaba con más rapidez que la gripe A. El que suscribe estaba en la zona de las barras y quince minutos antes de la salida prevista de las estrellas catódicas, alguien pensó que irrumpían las estrellas, los alaridos se propalaron y los centenares de personitas y sus madres apetecibles corrieron a los graderíos esquivando al cronista como si fuesen una estampida de bisontes y despoblando el puesto de salchichas, el de pizzas y el de birras, con y sin alcohol.
Las falsas alarmas se repitieron en varias ocasiones y a la hora de la verdad los Jonás aparecieron sobre el tablado con 10 minutos de retraso. En esas sonaron los tambores del ‘We Will Rock You' de Queen, se apagaron los focos, medró el clamor y la oscuridad se punteó con las luces de los móviles con cámara. Tras la introducción enlatada, se iluminó el recinto y los Jonas y sus músicos brotaron de las entrañas del escenario circular, a medias entre un tocadiscos y una tarta de dos pisos. Aparecieron como Harriers de guerra emergiendo por plataformas desde el hangar hasta la pista de un portaaviones, y el combate se libró sin un instante de tregua, pues hasta los lapsos más tranquilos, con Nick al piano, eran tapados por el griterío ensordecedor.
No reinó muy buen sonido en los 87 minutos y 20 piezas interpretados, pero eso no importó demasiado porque los críos se sabían todas las letras. “Son bilingües: cómo hablan inglés”, se maravilló Pato ante el don de lenguas de los enanos. “Son peores que mi mujer: gritan más”, recriminó un señor al cuidado de su hija y empeñado en que los asientos que ocupábamos los había pagado él y que, por tanto, nos había invitado él, y que se largó antes de que acabara el bolo diciendo a su niña: “Hija, pero si son todas las canciones iguales”.
El fragor agudo y el entusiasmo melómano no decrecieron en toda la velada mientras los tres Jonas se repartían alícuotamente el ruedo circular, con pistas deslizantes como las de los aeropuertos donde era fácil perder pie. Así, dando vueltas igual que en el carrusel de las barracas, lo cual les servía para minimizar el esfuerzo físico, los Jonás pidieron palmas, cantaron, brincaron, coleguearon con sus músicos mercenarios, cogieron un osito de peluche y algún cartel de sus fans, y cumplieron todo lo previsto, el (alto) mínimo exigido por sus incondicionales coyunturales.
Nuevo peinado
Lo cumplieron vestidos de un gris formal y peinados como modelos de peluquería. Y el vocalista principal, Joe, salió con un pelo rizado que no le favorece y le hace perder puntos de guapura lánguida. De los tres hermanos, Nick, ex novio de Hanna Montana, polifacético instrumentista y fecundo compositor que ha montado otra banda paralela, demostró ser el capo del trío en muchos pasajes cantados, montones de primeros planos en las pantallas de vídeo, protagonismo al piano de cola blanco, número a la batería y otros momentos estelares. El ahora menos guapo Joe cantó, paseó y poco más, y el bueno de Kevin, el más gregario, empuñó la guitarra y regaló bastantes movimientos de saltimbanqui en forma.
La música se ejecutó con solvencia, se apoyó en vídeos en vivo o enlatados (otro modo de enganchar al novato espectador, que reconoce esos clips por la tele o internet) y a pesar del sonido flojo el bolo no defraudó. ‘Paranoid' sonó más soul que moderna por los metales; en ‘Poison Ivy' Joe cantó en la distancia corta a los de la parte de atrás del tablado y al final los metales ocuparon el centro del giradiscos; ‘Hold On' remitió a Michael Jackson; ‘Play My Music' fue pop y lo mejor de la noche con Kevin girando como una peonza sobre sí mismo; ‘Much Better' sonó a balada de Navidad a lo Bruce Hornsby o Matchbox Twenty; ‘Gotta Find You' arrobó a los párvulos con su sentimentalismo acústico; en ‘Vídeo Girl' Nick se apostó tras la batería; ‘BB Good' restalló como unos Bon Jovi de alegrón; ‘World War III' fue funk a lo Jacko; y en los bises no faltaron ‘SOS' en plan los Hanson y en el adiós, tras un pataleo sísmico reclamador de más canciones, sonó el ‘Burnin' Up', o sea más fiesta funk con un craso negro surgiendo desde dentro del tablado para rapear. Y acabó la cita y vaya tapón se montó fuera con los padres que iban a buscar a sus niños...
Además de cantar, Kevin, Nick y Joe bailaron y tocaron varios instrumentos durante la actuación. / BORJA AGUDO