1890. Las riberas de la Ría, tres años antes de la inauguración del Puente. (Las imágenes y algunos datos de este blog han sido extraídos de la obra: “El Transbordador de Vizcaya”, de Alfredo Pérez Trimiño)
En la segunda mitad del siglo XIX, medio millón de personas cruzaban la Ría cada año en botes de remos. Había que unir las dos márgenes como fuera, pero sin interrumpir la navegación en plena revolución industrial. Un grupo de pequeños empresarios bilbaínos, dirigidos por Santos López de Letona, puso el dinero. El arquitecto Alberto Palacio y Elissague, el proyecto. Dibujó y calculó todas las opciones disponibles en la época: puentes giratorios, levadizos, submarinos o elevados; transbordadores sobre carriles, barcazas y gabarras flotantes, con cables como los teleféricos y sin ellos. Al final se decantó por ese sueño de hierro laminado, estructurado en dos vigas horizontales que soportarían los carriles, apoyadas sobre cuatro pilares asentados en ambos muelles. El primer puente transbordador de estructura metálica construido en el mundo se inauguró el 28 de julio de 1893. El símbolo de la comarca sigue hoy en manos privadas y en poco tiempo se teñirá de otro color, el “Vena Roja Hematites Somorrostro”, para seguir acercando las dos márgenes.
1891. Los pilares se elevan en Portugalete y Las Arenas.
1895. Las cuatro torres que componen su base alcanzan una altura de 61 metros. Cada una de ellas pesa cien toneladas.
1897. La barquilla inicialmente no iba cubierta y fue planeada para transportar personas, carruajes o mercancías en su parte central.
1898. Los laterales de la barquilla estaban reservados a los viajeros que no transportaran bultos.
1895. El acorazado Infanta María Teresa atraviesa el Puente.
1907. Las regatas de traineras y balandros tenían el Puente como línea de llegada habitual.
1920. Los remolcadores de paletas son sustituidos por otros de mayor potencia.
1929. A partir de 1900 el Puente empieza a tener diferentes denominaciones y es frecuente verlo en etiquetas de licores y otros productos.

El puente colgante no solo unió dos márgenes, sino hizo posible que los que vivían en una zona Las Arenas-Romo, en concreto donde nació mi madre, pudieran tener acceso a la margen industrial y trabajadora, capaz de grandes hitos, en pro- de la historia social de Vizcaya, y donde ejercí profesionalmente en su momento, en Baracaldo, Sestao y zona minera, de muy grato recuerdo. Fué el reencuentro de dos formas de vivir, de creer en la vida, y en el trabajo. El trabajo digno dignifica a la persona, aunque entonces fuese a costa de muchas pérdidas humanas en la industria, como así fué. El puente entre otras cosas más une, que separa, y en mi opinión cada vez más el reencuentro de las familias de una y otra orilla del Nervión. Por muchos años, con todo afecto.
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aupaaa que gozada ver todo esto y disfrutarlo por tanto mi puente colgante querido..el miedo que tenía de chaval al asomarme por la barandilla y todo eso ;si felicidades por el recuerdo. y un saludo muy sincero.Santi siempre Portugalujo.:-)
Un sueno de hierro rojo.. Nice