Inauguración de la nueva Alhóndiga

La Alhóndiga vuelve a la vida

La nueva Alhóndiga por fin ve la luz. Tras años de dudas, proyectos fallidos, polémica por el presupuesto e interminables obras, el viejo almacén de vinos y aceites se transforma en un espacio multiusos situado en el mismo corazón de Bilbao. 43.000 metros cuadrados dedicados al ocio y la cultura de la mano del prestigioso diseñador francés Philippe Starck. Salas de cine, cafeterías y restaurante, un auditorio, un gimnasio, dos piscinas, salas de exposiciones...

Desde que en 1977 se cerrara la Alhóndiga como almacén de vinos, muchos han sido los proyectos ideados para dar utilidad al edificio creado por Ricardo Bastida. Ya en 1975 la alcaldesa Pilar Careaga había propuesto derruir el mismo y construir viviendas. Años después, en 1990, empezó a barajarse la posibilidad de convertir el espacio en un museo del arte contemporáneo vasco. Jorge Oteiza y Francisco Sainz de Onza apoyaron el llamado 'El Cubo de Cristal', pero el Gobierno vasco consideró un "disparate" el proyecto y fue desechado. Poco después, Josu Ortuondo ofreció el edificio a la fundación Guggenheim para albergar el museo que finalmente quedaría emplazado en Abandoibarra. Y en 1998, ya calificado como bien cultural con la categoría de monumento, se estudió convertirlo en un Palacio Municipal de Deportes. Finalmente fue el proyecto de convertir el viejo almacén en un inmueble de servicios culturales y deportivos el que triunfaría.

La Villa recupera de esta forma un edificio histórico y adapta su uso a la nueva identidad de la ciudad, moderna y alejada de su pasado industrial. La Alhóndiga forma parte ya, junto al Guggenheim y al Euskalduna, de este nuevo Bilbao.


La Alhóndiga deja atrás su pasado como almacén de vinos y se convierte en un centro cultural y de ocio./ Foto: Jordi Alemany