Centenario de EL CORREO 1910-2010

"Titanic", una tragedia que marcó época

PABLO MARTINEZ ZARRACINA

El hundimiento del "Titanic", en la prensa estadounidense.

Año 1912 Un naufragio en traje de noche

El 16 de abril de 1912 un lector apresurado pudo pasar por alto la noticia más importante de "El Pueblo Vasco". Arrumbada a la página 3 por las últimas declaraciones de Canalejas, aparecía en un pequeño recuadro: «Se ha recibido la noticia de que en el sur de esta costa el paquebote "Titanic" ha chocado contra un banco de hielo. Un aviso del capitán ha comunicado que el vapor se iba a pique y que habían comenzado las operaciones de salvamento del pasaje, empezando por las mujeres y los niños».

Al día siguiente, la noticia era una «catástrofe» y estaba en primera plana. Tardaría doce días en abandonarla. Miren esas fotos: el "Titanic" era un barco colosal, un sueño flotante. A bordo viajaban más de 2.000 personas, entre ellas personalidades inglesas y americanas. Fue un naufragio en traje de noche, una tragedia del viejo mundo, una leyenda que comenzó a escribirse con tinta de periódico: «Momentos antes se iluminó el buque y la banda de música, colocada en el puente, comenzó a tocar un himno. Se hundió el vapor por la proa, y al colocarse en posición vertical, la maquinaria rodó de extremo a extremo con horroroso estrépito».

El 19 de abril la prensa «deploraba» la muerte de 1.325 personas. Se denunciaba la velocidad del barco y la inoperancia del rescate. Mientras tanto, se describían cadáveres flotando en la noche vestidos con frac y se confirmaba que viajaba a bordo el «fatal diamante azul», una joya maldita que «perteneció a un sultán destronado de Turquía, fue propiedad de un español que se ahogó, pasó a manos de María Antonieta y de esta a las de la princesa de Lambelle». Pero, sobre todo, se anotaban comportamientos heroicos. El telegrafista Philips estuvo en su puesto hasta el final. La orquesta tocó el salmo "Más cerca de ti, Dios mío" cuando todo estaba perdido. El millonario Astor dejó a su mujer en una barca y regresó para ponerse a las órdenes de un oficial. El capitán Smith salvó a una niña antes de ahogarse. Morir con honor era fundamental en 1912: el mundo no conocía aún los gases tóxicos de la guerra mundial. En "El Pueblo Vasco" del 25 de abril José G. Acuña sufría por escrito un ataque de anglofilia y sostenía que en el "Titanic" no viajaban hombres, sino un pueblo. «¡Qué saludable ejemplo de "self sacrifice"!», exclamaba.

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